Clasificación de los mensajes
publicitarios.
La
publicidad puede clasificarse de diversas maneras:
§ Según el público al que esté orientada
será de destinatario o de nivel global: un mismo producto puede
estar enfocado en su venta hacia el público general o bien puede estar
destinado a los concesionarios, esta publicidad será para las empresas
comerciales, por lo que las especificaciones del producto deben ser diferentes.
§ Según el tipo de anunciante se
clasificara como detallista o general; existen dos tipos de
anunciantes que buscan atraer la atención del consumidor: los anunciantes
nacionales (generales) y locales (detallistas). La publicidad que observamos a
diario es de carácter nacional, mientras que la publicidad detallista la
encontramos instándonos a consumir el producto en el lugar específico.
§ Según lo anunciado será una publicidad de productos, de servicios
o institucional. Observa el cuadro.
§ De acuerdo con el modo de anunciar
será de acción directa o indirecta.
Existe un tipo de publicidad que podríamos denominar de “venta
encubierta”, en la que con
mucha delicadeza se induce a adquirir productos o servicios, sin decirlo
explícitamente. Esta es la publicidad
indirecta. Por ejemplo, si vemos la imagen de una mujer mayor y muy delgada
y el texto dice ¡que rico es sentirse
bien!, y se puede apreciar la marca de un determinado producto alimenticio
al fondo, estamos en presencia de una publicidad que indirectamente nos lleva a
comprar determinada marca de producto.
La publicidad directa será aquella que nos impulsa a adquirir un
producto explícitamente: por ejemplo, Los
discos compactos de tus artistas favoritos desde $9.990.
§ Según el sentido al que se dirigen y
el medio por el cual se difunde, la publicidad puede ser:
Auditiva:
Se crea con material
sonoro y se difunde por la radio.
Visual: utiliza material gráfico y se difunde
en vallas publicitarias, prensas, etc.
Audiovisual: Utiliza material gráfico y sonoro y
se difunde por televisión, cine e internet entre otros.
Argumentación y publicidad.
Sin
duda, el discurso publicitario ha sido objeto de opiniones encontradas desde
quienes sostienen que la publicidad domina y manipula al ser humano
contemporáneo, hasta quienes ven en su ejercicio un estímulo al progreso.
Los
publicistas suelen valerse de dos valores para lograr la creatividad que
finalmente deviene en mensajes comerciales. Estos valores son el racional y el emocional. A través de ellos se busca persuadir al consumidor para
que compre un producto o una imagen. El proceso se basa fundamentalmente en
emociones primarias: la sinceridad, la simpatía y la confianza.
En
gran parte de los primeros discursos publicitarios subyace un mecanismo que
explota la presencia de contenidos satisfactorios por si mismos, sin relación o
con una relación forzada, o no justificada con respecto al asunto del mensaje.
Estos contenidos atraen la atención del receptor y captan su adhesión hacia el
objeto publicitado, aunque no tenga motivación racional o esta sea muy débil:
entre los contenidos que suscitan satisfacción inmediata podemos destacar
algunos que:
§ Ofrecen
una imagen favorable del receptor. Como
no es posible personalizar, se recurre a estereotipos de grupos sociales. Por
ejemplo, solo para gente joven; o se
crea un receptor potencial distinguido para que todas las personas se incluyan:
para los que saben elegir.
§ Evocan
ambientes naturales, de prestigio o de belleza convencional. Por ejemplo; una ola de frescura en tu cocina; Exclusivos apartamentos frente al mar,
rodeados de un espectacular campo de golf.
§ Despiertan
sentimientos positivos de manera vaga. Por ejemplo; dolce
vita: el espíritu de felicidad.
§ Aluden
a comportamientos prohibidos, arriesgados, atrevidos y oníricos. Por ejemplo; Lo mejor para intensificar tus movimientos; ¿quedarte en casa? Date un
giro de 180°.
§ Exponen
cifras y estadísticas. Con
la finalidad de dar la impresión de consistencia científica con respecto a la
información ofrecida: Multiplica por seis
el bienestar de tu piel.
Emplean combinaciones lingüísticas no
convencionales basadas en los principios del ritmo y la recurrencia: ¿Por qué llevar un reloj suizo? No toma tiempo
saberlo. Sin embargo, a diferencia de la literatura, aquí se usan como mera forma
bella, que atrae la atención, por si misma, sin revelar una conexión profunda
con el contenido (como la poesía), pero reforzándolo de manera disimulada.